Lo que aprendí del peor trabajo de mi vida
Seis lecciones que aprendí del trabajo más tóxico, abrumador y hostil que he tenido.
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Renunciar al trabajo más tóxico que he tenido no fue una decisión basada en el miedo o la comodidad; fue una decisión basada en el diseño de mi vida. No le tengo miedo al trabajo duro: he sido custodio, jardinera, secretaria, cocinera para bodas, he trabajado con ratas de laboratorio, he sido intérprete en hospitales, he trabajado con pacientes de cáncer, y hasta he fabricado medicamentos en un laboratorio.
Esas experiencias me han dado una visión amplia del mundo laboral, del valor del dinero y de lo que estamos dispuestos a hacer para ganarnos el pan de cada día. Después de reflexionar esto es lo que aprendí:
1. El derecho a la pertenencia no se negocia se ejerce
La próxima vez que entres a un lugar que te intimide —como una oficina de gobierno, una corporación prestigiosa o un banco—, no entres encogido ni pidiendo perdón. Esos sitios que parecen inalcanzables y que te hacen sentir fuera de órbita no tienen nada de especial. El simple hecho de que estés cruzando esa puerta es derecho suficiente para demostrar que perteneces ahí.
2. Haz que la gente te respete
Cuando te sientas rodeado de pirañas y víboras, no te intimides. Al caminar, mira a la gente a los ojos, da los buenos días primero con voz clara y muévete con la seguridad de quien sabe lo que vale. No hace falta ser engreído para exigir respeto. Al contrario, ofrece siempre tu mejor actitud y dale el beneficio de la duda a los demás. Tu postura cambia por completo cómo te perciben y, lo más importante, cómo te sientes contigo mismo.
3. Cuando te relaciones con personas intimidantes, ignora el miedo y la ansiedad
Esas personas son seres comunes y corrientes, con vidas ordinarias. No hay título, carro, propiedad o pieza de joyería que los haga más especiales que tú. Tu vida y tu valor como ser humano —como hijo, hermano, amigo, cónyuge,padre o madre— es exactamente el mismo.
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4. Tu eres el dueño de tu paz, nadie te la puede quitar
Nuestro cerebro es primitivo y está calibrado para alertarnos de la presencia de predadores. Sin embargo en la vida moderna la ansiedad que sentimos en el campo laboral es solo un predador sin dientes. Hablo de ese vacío en el estómago cuando hay problemas en el trabajo, cuando ves un correo urgente, o a las llamadas con gente enojada del otro lado de la línea, los mensajes un tanto groseros, y las reuniones incómodas con tu jefe o un cliente. Esa ansiedad es solo el vestigio de una alarma de supervivencia a una amenaza que no existe hoy en día.
Si bien el abuso laboral es intolerable, estos solo son ejemplo de lo que pasa cuando un problema se complica en el trabajo. Y lo que parece que te va a matar, es solo una amenaza vacía. Tu vida no está en peligro y, aunque la situación sea estresante, los problemas tienen solución. Tu integridad, el amor de tus seres queridos y tu paz son tuyos, y nadie te los puede quitar. No dejes que un día difícil en el trabajo arruine tu paz interior.
5. Investiga tus opciones antes de asumir tu límites
No te conviertas en tu peor enemigo. Cuando nace en nosotros una idea de superación o emprendimiento, siempre somos los primeros en decirnos que no podemos hacerlo, que es imposible, que no somos capaces. No te conviertas en tu peor crítico cuando ya hay suficiente gente en la calle hablando mal de ti. Formula tu idea y trabaja de atrás para adelante. Si algo es muy difícil de gestionar, divídelo en proyectos más pequeños y resuelve un problema a la vez. En lugar de pensar cómo vas a escalar el Everest, piensa mejor cómo poner un pie enfrente del otro.
6. Recuerda que pudes hacer lo que te dé la gana
Mientras tus acciones no rompan la ley, ni tu compás moral, tú puedes hacer lo que te venga en gana. Y si en algún momento decides abandonar el camino en el que te encuentras, siempre tienes la libertad de hacerlo.
En conclusión
Tuve que internalizar cada una de estas lecciones para finalmente animarme a dejar ese trabajo tóxico, e incluso entonces, renunciar fue difícil. Tenía muchísimas razones para quedarme: había invertido mucho tiempo aprendiendo cada pequeño detalle de ese rol específico y adaptando mi sistema de trabajo para entregar los mejores resultados. Tenía una posición bien pagada, con oportunidades reales para innovar en la industria y aportar a la sociedad.
Pero al final me di cuenta de que ese empleo me exigía más de lo que podía dar y que no se alineaba con la vida que estaba construyendo. Aunque fue una etapa desgastante, ni una sola vez me he arrepentido de haber aceptado ese puesto: las lecciones que me dejó son de las más valiosas que he aprendido en mi vida laboral.
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Hasta la próxima!
Hazel